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El periódico italiano de los 90: la tarde en que Maradona fracasó y nació la leyenda de Goycochea

El duelo entre Argentina y Yugoslavia por los octavos de final de la Copa del Mundo fue una partida de ajedrez que el equipo nacional no pudo romper a pesar de tener mucho tiempo un hombre más. La tensión de los penales.

El periódico italiano de los 90: la tarde en que Maradona fracasó y nació la leyenda de Goycochea

El periódico italiano de los 90: la tarde en que Maradona fracasó y nació la leyenda de Goycochea

Esa tarde del 30 de junio de 1990 fue el verano europeo. A más de 30 grados canté el termómetro en Florencia y ciertamente mucho más en la hierba seca y brillante. Casi como un juego de espejos Bilardo y Osim poblaron la mitad del campo. Jugaron de agricultor a agricultor con Olarticoechea contra su rival 10, Stojkovic, la pequeña estrella yugoslava, que está bien asociada con un joven prometedor llamado Prosinecki, que más tarde haría historia. Sabanadzovic estaba sobre Diego, quien lo obligó a cometer faltas con su habitual inteligencia. En la media hora, su marcador vio la roja y Argentina jugó lo que quedaba de tiempo regular y tiempo extra con otro hombre.

Diego fue el jugador que recibió más faltas.

El equipo nacional hizo lo mejor que pudo. Yugoslavia, con jugadores muy técnicos, tenía la posesión sin atrevimiento. Se contentaban con estirar el juego y esperar una oportunidad que nunca tuvieron. Sólo en la pista había situaciones claras, dos de los defensores Hadzibegic y Diego, Dezotti y Troglio por los argentinos. No pudieron soportarlo más y se resignaron a los castigos.

Bombazo de Serrizuela, el travesaño de Stojkovic, que “no podía ser pasado por alto”. Burruchaga y Prosinecki lo hicieron bien y el primer gran momento había llegado. Ikovic detuvo a Diego. En octubre de 1989, lo mismo había sucedido en un partido de la Copa de la Uefa entre el Sporting de Lisboa y el Nápoles. El portero había desafiado a Maradona con las palabras: “Te apuesto 100 dólares a que no harás esto conmigo”. Ganó los 100 dólares y en Florencia repitió la hazaña. Dejan Savicevic fue 2-2. Quedan dos penaltis por cada lado. La felicidad y la verdad. El aire se cortó con un cuchillo, no voló ni una mosca, excepto los italianos que gritaron “Ca-me-run” como para recordar a los argentinos la vergüenza del debut.

Una piedra de los hinchas locales, que iba a tener un efecto boomerang unos días después

Troglio rebotó con su disparo en el poste izquierdo. ¡Oh, no! Todo parecía perdido. Y entonces nació la leyenda. Sergio Goycochea impidió el gol del mediocampista Brnovic con una bofetada al poste derecho. Hubo un penal por equipo. Más drama, imposible. Era o ir a casa o ir a las semifinales de la Copa del Mundo.

Dezotti, que había entrado por Calderón, no falló. Fuerte y seco, sin posibilidad para el portero. El número 5, Hadzibegic, estaba tranquilo hasta la condena. Hizo una carrera corta y anunció la dirección de su disparo. Goycochea voló al poste izquierdo. Y comenzó a convertirse en un mito.