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Marcela Cristini: “Argentina debe comenzar a revertir el sesgo antiexportación”.

El economista de FIEL dijo a este diario que el gobierno perdió una oportunidad de aprovechar la apertura del mercado mundial de alimentos y servicios tecnológicos. Presidencia pro-tempore del Mercosur

Marcela Cristini:

Marcela Cristini: "Argentina debe comenzar a revertir el sesgo antiexportación".

La brutal recesión que provocó el colapso del covid-19 en la Argentina al final del primer trimestre , con una profundidad muy superior al promedio mundial, y aparentemente con una salida más lenta , no pudo ser mitigada con el impulso de la actividad exportadora, especialmente de alimentos, aunque esta parte del comercio internacional se reactivó y provocó un nuevo ciclo alcista de los precios de las materias primas, sobre todo porque el país tiene un amplio excedente de oferta a las necesidades del consumo interno.

Por el contrario, a pesar de la evidente necesidad de divisas, que no sólo conocía el propio Ministro de Economía Martín Guzmán, sino que se proponía paliarla renegociando los vencimientos de la deuda externa pública , no sólo se incrementaron los impuestos al comercio exterior, sino que, lo que es peor, al crearse un clima de creciente incertidumbre, se creó una gran y persistente brecha cambiaria, que tuvo un efecto perjudicial sobre las exportaciones e importaciones.

En este contexto, este diario entrevistó a Marcela Cristini, economista senior de la FIEL (Fundación de Investigación Económica Latinoamericana) y profesora de política de vivienda y finanzas de la Universidad Torcuato Di Tella, sobre su especialización en el seguimiento de la economía internacional y las perspectivas para el próximo año, especialmente si Argentina pro tempore retoma la presidencia del Mercosur.

– Al principio de la cuarentena, en una entrevista con este diario, usted dijo que “la salida de las exportaciones es la oportunidad de superar esta crisis y garantizar el pago de la deuda”, pero el gobierno no ha seguido este camino y, a pesar de la brutal recesión, ha obstaculizado la importación de insumos y ha mantenido la retención.

– En esta nota señalé la necesidad de una opción de exportación , ya que uno de los problemas constantes de la Argentina es su limitada capacidad para producir divisas y financiar su desarrollo. Además, el país estaba renegociando su deuda externa en ese momento, lo cual era una razón adicional y convincente para un programa pro-exportación. Esto sigue siendo cierto ahora, en el contexto de las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional.

Una posible crítica a esta propuesta es que este es un año en el que el comercio internacional se está reduciendo drásticamente debido a la aparición del Covid-19. En su pronóstico de finales de octubre, la UNCTAD (Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo) dijo que espera que el comercio mundial disminuya entre un 7 y un 9% para el año 2020, en comparación con el ya modesto rendimiento de 2019. Este resultado es mucho mejor de lo que se esperaba a mediados de año, debido a la importante recuperación de China, el Asia oriental en general y, hasta ahora, la Unión Europea. A su vez, el comercio Sur-Sur (entre países en desarrollo) demostró ser más resistente a la conmoción de la pandemia, aunque a mediados de año había disminuido.

Entre los productos menos contratados están los productos de alimentación, telecomunicaciones y tecnología digital y, más recientemente, los productos textiles básicos. El sector más afectado, con diferencia, fue el comercio de automóviles. En primer lugar, el escenario era menos desfavorable para los países productores de alimentos y servicios tecnológicos, como la Argentina, y había margen para mitigar la caída de las exportaciones. Desafortunadamente, no hicimos uso de esta habitación. Las exportaciones y las importaciones han caído bruscamente y es probable que el balance anual muestre una caída del 15% en las exportaciones y del 18% al 20% en las importaciones este año.

Los productos que menos sufrieron la contracción del comercio mundial fueron los alimentos, las telecomunicaciones y los productos de tecnología digital, y entre los textiles básicos, el automóvil

fue el más afectado. Al mismo tiempo, la introducción de un programa pro-exportación requiere tiempo, esfuerzo y señales estables de la macroeconomía. Las proyecciones de exportación incluidas en el presupuesto de 2021 confirmarían que el enfoque de las autoridades no es muy ambicioso a mediano plazo, porque sólo en 2022 superaríamos los valores de exportación de 2019, y hacia el final del mandato presidencial todavía estaríamos por debajo de los 70.000 millones de dólares de EE.UU. en exportaciones (esto corresponde a 1.500 dólares de EE.UU. per cápita cuando Chile exportó este valor ya en 2015, lo que equivale a 3.500 dólares de EE.UU. por habitante; y Uruguay alcanzó 2.250 dólares de EE.UU. en esta relación. Según estas previsiones, el gobierno operaría con una balanza comercial considerable (entre 13.000 y 15.000 millones de dólares de los EE.UU. por año), ya que también prevé un aumento constante de las importaciones. Está implícito que seguirá dependiendo de una política comercial sin cambios para lograr estos resultados.

– ¿Habría sido necesario reducir las retenciones en origen ante una nueva crisis en el sector externo debido a las necesidades financieras, con las reservas de liquidez del banco central cayendo en territorio negativo y a pesar del aumento de los precios internacionales de los productos básicos?

– Las retenciones (derechos de exportación) son muy raras en el mundo, y menos en la forma general en que se aplican en Argentina. Cabe recordar que a finales de 2019, ante la crisis macroeconómica, el gobierno anterior volvió a hacer uso de esta fuente de impuestos y gravó no sólo las exportaciones tradicionales sino también las exportaciones industriales y de servicios. Las autoridades actuales comenzaron su administración confirmando estos impuestos con algunos cambios que aumentaron la carga fiscal del sector agrícola. La reducción casi simbólica de las retenciones en origen sobre la soja y sus derivados desde octubre hasta el final del año para fomentar la exportación de los créditos restantes disponibles no tuvo ningún efecto práctico. Sin embargo, desde el punto de vista fiscal , las retenciones de este año hasta octubre representaron casi el 8% de los ingresos tributarios (ingresos tributarios excluyendo la seguridad social) y el 15% de los recursos del gobierno central, ya que estos impuestos no son compartidos. Y generaron el doble de los derechos de aduana y los derechos de importación estadísticos.

En cuanto a la carga sobre las exportaciones, la tasa efectiva de retención fue de alrededor del 15% del valor de las exportaciones entre 2014 y 2015; este porcentaje se redujo a menos de la mitad en 2016-18, ya que el gobierno anterior bajó las tasas pero mantuvo su impacto en el complejo de la soja, y en 2019, como se mencionó anteriormente, la retención se elevó al 11% de la tasa efectiva anual. La facilidad de recaudación y las recurrentes crisis financieras han hecho muy difícil para los gobiernos de distintas tendencias políticas no recurrir a este recurso, que es, por el contrario, un impuesto que desvía la inversión de los sectores más productivos de la economía y limita el crecimiento. Un elemento clave de un programa en favor de la exportación sería asumir un compromiso creíble de abolir esos derechos de exportación en un plazo prudente de varios años.

– ¿Qué avances y retrocesos hubo al final del primer año del Frente de Todos en cuanto a comercio exterior y relaciones con el resto de América Latina? El gobierno anunció un programa de incentivos para las PYMES exportadoras. ¿Qué podemos esperar? ¿Cómo cree que la persistencia de una brecha de tres dígitos en el tipo de cambio afectará el comercio exterior de Argentina?

– En primer lugar, hay que recordar que Argentina, junto con Brasil, es una de las economías del mundo con menor participación en el comercio internacional en sus actividades económicas. Esto es aún más sorprendente dado su estatus de economías de clase media alta. Además, a diferencia de México y el Brasil, el país apenas participa en las cadenas de valor internacionales. Es esta situación la que requiere un cambio importante, y en este sentido este primer año de gobierno no ha hecho ninguna diferencia. Es cierto que fue un año atípico debido a la pandemia. Sin embargo, la contracción de la economía y la consiguiente caída de las importaciones y el mantenimiento de las corrientes tradicionales de exportación darán lugar a un año con una balanza comercial positiva muy elevada.

La evolución macroeconómica, que inicialmente se relacionaba con la emergencia de la pandemia y en la que, en mi opinión, no se pudo extraer un plan de gestión creíble de la renegociación de la deuda, dio lugar a expectativas negativas que hicieron imposible capitalizar los ingresos en divisas a través de la balanza comercial (los datos del segundo trimestre del año también muestran una cuenta corriente de la balanza de pagos positiva). En este escenario de inestabilidad macroeconómica y brecha cambiaria, las políticas sectoriales industriales o microeconómicas, como los incentivos a las exportaciones de las PYMES, tienen un impacto muy limitado. Muchas de ellas serán importantes a mediano plazo, como las iniciativas de financiación, el asesoramiento sobre planes de negocios, el apoyo a nuevos mercados y otros instrumentos recientemente anunciados por el Gobierno. Es alentador que se organicen y que se dé continuidad a las que ya existen, pero en el escenario actual, los problemas para las exportaciones se concentran en el bajo tipo de cambio efectivo y las expectativas de devaluación que se reflejan en la brecha cambiaria.

Argentina pertenece junto con Brasil

– ¿Qué se puede esperar de las negociaciones entre el gobierno y el FMI en términos de demandas y promesas y el impacto a corto plazo en la economía? Argentina obtuvo mejores resultados que los demócratas en los Estados Unidos en cuanto a los resultados de los intercambios y la apertura de negocios con los gobiernos republicanos. ¿Qué podemos esperar de la administración de Joseph Biden desde el próximo año?

– Tanto en las negociaciones con el FMI como en sus relaciones con los Estados Unidos, la Argentina ha hecho bien en aplicar las buenas prácticas internacionales en la formulación de sus políticas, que han dado lugar a algunos episodios de crecimiento de vez en cuando. Pero sabemos que todos estos episodios fueron de corta duración. Ni “vivir por su cuenta” y promover el consumo interno ni endeudarse en el mercado internacional fueron estrategias útiles. Hoy en día, la situación de fragilidad de nuestra economía es extrema y no habrá una solución duradera si no damos una respuesta adecuada a nuestros problemas, que van más allá de los aspectos puramente económicos. Y tendremos que hacerlo en un contexto internacional en el proceso de cambios a corto y medio plazo.

A corto plazo, el mundo confirma el desplazamiento de su eje más dinámico hacia el este y el sur de Asia, y los países avanzados acompañarán este proceso persiguiendo sus propios intereses El mundo económico se volverá menos belicoso con el reemplazo del presidente en los Estados Unidos. Con el viento en sus velas, la nueva administración del Presidente Biden ayudará a reconstruir el multilateralismo comercial y a fortalecer el G-20. Ambas noticias serían buenas noticias para Argentina. A mediano plazo, y tras esta experiencia de la pandemia, creo que la necesidad de asegurar la sostenibilidad ambiental del mundo dará lugar a muchos acontecimientos tecnológicos y geopolíticos que deben ser vigilados de cerca.

– ¿Han cambiado las prácticas comerciales de los países como resultado de las medidas preventivas del Covid-19?

– Aunque existe un debate sobre la retirada de la globalización en el contexto de la pandemia, los países han sido muy activos en la creación de acuerdos comerciales de diverso alcance, en particular con respecto al Asia oriental. Este proceso de política comercial y de inversión directa es la respuesta natural al desplazamiento de la actividad y el crecimiento hacia esta área. Incluso en el caso de la Argentina, que, como ya he mencionado, es uno de los países más cerrados al comercio mundial, sus exportaciones se han orientado cada vez más a la demanda en Asia. Tanto es así que a primera vista este desplazamiento es evidente por la distancia que cubren nuestras exportaciones, como muestra el siguiente gráfico.

Este año, por ejemplo, se consolidaron aún más todos nuestros destinos de exportación con clientes en el este y el sur de Asia y el Oriente Medio. Con la excepción de China, que es un importante proveedor de la Argentina, los demás países no realizan comercio recíproco. Países o regiones como la India, la ASEAN, el Oriente Medio y el Magreb son mercados que contribuyen a nuestro superávit comercial (en la región de América Latina es también el caso de Chile).

Fuente: FIEL basado en el Indec. Corresponde a la distancia promedio (en km) entre las capitales de los países socios, ponderada por el valor de las exportaciones (en miles de dólares)

Para dar algunos ejemplos del activismo de los países en los acuerdos de comercio e inversión de todo tipo, cabe mencionar la reciente firma del mega tratado de libre comercio RCEP, que, además de China (que lo promovió), Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda, cuenta con diez miembros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN). Este acuerdo estaría en pleno funcionamiento en la segunda mitad de 2021. No tendrá a la India como miembro, que ha decidido retirarse y continuar su propio programa muy activo de acuerdos comerciales.

La Unión Europea también ha llegado a acuerdos que la vinculan con Asia oriental y meridional, y es probable que los Estados Unidos revisen su política hacia la región para recuperar parte de su liderazgo. Sin embargo, también hay numerosas actividades de este tipo en América Latina. Por ejemplo, el Perú está negociando actualmente un acuerdo de libre comercio con China; Corea del Sur ha pedido unirse a la Alianza del Pacífico; el Brasil y el Uruguay están estrechando sus vínculos con los Estados Unidos mediante acuerdos de inversión y facilitación del comercio; Francia y Colombia han firmado un acuerdo de protección recíproca de las inversiones como condición previa a la llegada de empresas francesas a ese país; y Chile y la India harán pronto lo mismo.

La perspectiva del Mercosur

– ¿Cómo ve las relaciones comerciales entre Argentina y Brasil? ¿En qué medida la drástica reducción del comercio -más del 20%, que fue más pronunciada en el caso de las exportaciones que en el de las importaciones- se debe al impacto de la crisis sanitaria en la economía?

– Hoy en día, la participación del MERCOSUR en el comercio de Argentina como destino de exportaciones y origen de importaciones promedia el 20%, con un saldo negativo en el balance bilateral. Si se observan las relaciones comerciales entre los socios del bloque en perspectiva, aunque se esperaba una intensificación del comercio intracuerdo, se ha producido una pérdida de intensidad de los intercambios, especialmente entre la Argentina y el Brasil. Por ejemplo, alcanzó el 25% en la década de 1990, se redujo a la mitad a partir de 2000, y en 2019 apenas era el 10%. Parte de este desacoplamiento se debe a la interferencia de China en el comercio de América Latina como proveedor de bienes industriales.

La participación del Mercosur en el comercio de la Argentina como destino de las exportaciones y origen de las importaciones promedia el 20%, con un saldo negativo en el balance bilateral

La creciente participación de China en el comercio mundial y el aumento de su ingreso per cápita provocó una nueva demanda de este país al Brasil y a la Argentina de productos básicos y alimentos, en particular a partir de 2005. Los nuevos vínculos fomentaron una cierta reciprocidad comercial con un aumento de las importaciones de productos industriales de alta y media tecnología (en contraste con la oferta china de bienes de consumo de baja tecnología en el decenio de 1990). Originalmente, Estados Unidos era el mayor proveedor, que se distribuía desde Brasil. Alemania y Argentina siguieron por turno en este turno. El gráfico muestra la disminución de la participación de la Argentina y la penetración de China en las importaciones del Brasil.

Fuente: FIEL con datos del Intraceno

– En enero de 2021, Argentina volverá a asumir la presidencia pro tempore del Mercosur ¿Qué significa esto y qué podemos esperar?

– Lo más importante me parece que es la oportunidad para que la Argentina demuestre que el Mercosur es una prioridad en su política exterior y que, por lo tanto, está dispuesta a promover mecanismos para aumentar el comercio y la inversión dentro del acuerdo. Hay dos cuestiones pertinentes y conexas en la agenda comercial: la revisión del Arancel Externo Común (AEC) propuesta por el Brasil y la agilización de las negociaciones comerciales con el resto del mundo. En el caso de la AEC, hay que recordar que su estructura está escalada para proteger los productos de mayor valor añadido y que las tasas se sitúan entre el 0% y el 35%, con una media nominal del 13%. En el mundo actual, los aranceles se encuentran en el rango del 3% al 4% y ya no desempeñan un papel importante en la política industrial (promoción del valor añadido).

En cambio, para Argentina y Brasil, el promedio de los derechos de importación efectivos (es decir, recaudados) se sitúa entre el 6% y el 7%, mientras que en el caso de Chile, por ejemplo, es inferior al 1%. Dadas las oportunidades mundiales de inversión y comercio en mercados muy grandes como los del Asia oriental y meridional, los aranceles elevados como ventaja para la firma de nuevos acuerdos preferenciales han dejado de ser un importante instrumento de negociación (este incentivo surgió porque a los nuevos socios se les conceden aranceles nulos en comparación con el resto del mundo, que tiene que pagar el arancel elevado actual). Creo que entender este último aspecto es de gran interés para el futuro del Mercosur.

Hay dos temas relevantes e interrelacionados en la agenda comercial: la revisión del Arancel Externo Común (AEC) propuesta por Brasil y la agilización de las negociaciones comerciales con el resto del mundo

El segundo tema, vinculado al anterior, es el de los acuerdos preferenciales El único acuerdo importante del bloque se ha firmado con la Unión Europea y ha sido rechazado por el Parlamento Europeo, que no lo aprobaría en su estado actual debido a consideraciones ambientales y al proteccionismo agrícola europeo todavía existente. A cambio, la Argentina dudó inicialmente en firmar nuevos acuerdos. Poner sobre la mesa una reformulación de su posición y una discusión fructífera sobre la promoción de nuevos acuerdos no sólo es conveniente sino necesario para la presidencia pro-temporal argentina.

– ¿Qué escenario puede esperarse en el mercado internacional en 2021, qué países podrían ser una oportunidad para aumentar los intercambios y cuáles se volverían más proteccionistas?

– El próximo año, la economía mundial mejorará sus oportunidades para los países en desarrollo, aunque a un ritmo modesto (7% en el comercio mundial de bienes) y no sin riesgos. El mundo muestra que, a pesar del pesimismo y las quejas, seguirá centrándose en mantener y mejorar la globalización para poder responder a aspectos como el aumento de las oportunidades de desarrollo de los países más pobres. Se observarán cambios como la reorganización de las cadenas de valor para asegurar el suministro de insumos, pero se mantendrá el atractivo de los muy dinámicos mercados del Asia oriental y meridional.

El regreso de los Estados Unidos a una política de mayor contribución a la organización multilateral del mundo ayudará a frenar el proteccionismo. Todas estas cuestiones también deberán incorporarse a los planes de la Argentina, que hasta ahora se ha mostrado muy reacia a asumir el reto de la integración internacional.

– ¿Una reflexión final?

– Los resultados comerciales de la Argentina en 2020 han demostrado su valor en cuanto a las necesidades de divisas a corto plazo, pero el país tendrá que mejorar significativamente sus resultados de exportación en el futuro próximo si quiere lograr un cambio hacia el crecimiento sostenible. El camino será largo, y el primer paso debería ser comenzar por invertir la orientación antiexportadora de la política comercial a fin de obtener insumos internacionales más baratos e ingresos por ventas en el extranjero sin incurrir en cargas fiscales extraordinarias.

Un modelo de exportación crearía más puestos de trabajo con salarios más altos (debido al efecto de la productividad), permitiría desconcentrar las actividades económicas de la zona, aprovechando los recursos ya disponibles en las provincias (los casos del vino, los limones, la minería, la pesca, las conservas y los bienes industriales como el aluminio y los petroquímicos son algunos ejemplos), y aumentaría permanentemente la tasa de crecimiento. Todos estos son objetivos declarados del gobierno nacional. Me parece que el reto es construir el camino que los haga viables, una tarea altamente política.

Fotos: Sebastián Pani