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El presidente finge el Botón Rojo si las cosas se ponen densas

Ahí van los dos Fernández. El abierto que da una extensa entrevista a un programa del Grupo nuestras fuentes, y el nebuloso que negocia con los gobernadores y legisladores para arrebatarles la reforma judicial. El que termina condenando los embargos de tierras y recibe a la madre de Facundo Astudillo y el que sacude y hace temblar a su amigo o 'ex-amigo', Horacio Rodríguez Larreta.

El presidente finge el Botón Rojo si las cosas se ponen densas

El presidente finge el Botón Rojo si las cosas se ponen densas

Declaración – por Jorge Barroetaveña

La crítica de la oposición es dura, pero apunta al talón de Aquiles del gobierno: el doble mando. La duda parecía haberse disipado con el comienzo de la pandemia. El presidente asumió la tarea de suspender el cuerpo de la pandemia, tomó decisiones difíciles y logró llegar a un consenso con la oposición. Su popularidad se disparó y nadie recordó que fue el Vicepresidente quien lo eligió para el cargo.

Pero los meses pasaron y el hechizo inicial comenzó a romperse. Una parte de la sociedad estaba harta de la estrechez y, espoleada por la crisis económica, comenzó a reprochar. La cuarentena cayó entonces víctima de la grieta, que a veces no se ve, pero siempre se ve. Y el presidente reaccionó duplicando el esfuerzo, lo cual está en el ADN del kirchnerismo.

Los puentes de la oposición fueron volados y los problemas apresurados y los errores imprevistos aparecieron. Vicentín fue el primero. Luego vino la reforma judicial, que pertenece a Alberto pero no a Cristina, como lo dejó claro el vicepresidente. La incertidumbre, la reacción fallida a las marchas y una cierta inercia para descansar sólo en la imagen innecesariamente expuesta del Presidente se deslizó en el medio. Habla bien de él el volver a dar notas a un medio del calumniado grupo nuestras fuentes y al denunciado por el senador Parrilli, el periodista Bonelli. Pero se siente mal por no saber lo que le pasó a Solange, la joven que murió de cáncer en Córdoba sin poder ver a su padre porque no le permitieron entrar en esta provincia. El país estaba debatiendo las restricciones y hasta qué punto se pueden restringir las libertades. De hecho, los protocolos para la liberación de los miembros de la familia comenzaron a florecer, un aspecto extremadamente doloroso de esta pandemia.

Si el Presidente hablará en A Dos Voces, ¿cómo no va a estar preparado para preguntas incómodas? Este tema debería haber estado en su agenda.

Estos son pecados imperdonables. Un presidente debe tener un equipo y asesores para mantenerlo informado. Es imposible para él saber todo y ser consciente de todo. En un país complejo como la Argentina, que es casi inmanejable, la necesidad de una cooperación planificada y efectiva es crucial. No basta con tratar sólo con la política o el mejor equipo de los últimos 50 años.

Las luces se encendieron en el sensor oficial hace mucho tiempo. La disminución de las encuestas indica que la sociedad, o una buena parte de ella, quiere cambiar la marea. La sensación llega en el peor momento posible, cuando la pandemia está en su apogeo dentro del país y varios gobernadores temen que se produzcan brotes. Pero la política del miedo ha fracasado hace mucho tiempo. El nivel de cumplimiento de las restricciones es bajo, y la pregunta que surge es si la sociedad acatará la orden si, como advirtió, el presidente presiona el botón rojo de nuevo. Quienes conocen la intimidad de Olivos argumentan que el Presidente no dudará en hacerlo y pensará en ello, pero quiere añadir el consenso para tomar tal decisión. Hay sectores productivos que se están fundiendo y otros que están en camino de serlo. ¿Cómo reaccionará a esto? También se está produciendo un drama dentro del país. Los gobernantes están desorientados porque algunos de ellos han hecho rápidos progresos para ser más flexibles y ahora se ven obligados a dar marcha atrás.

Es un dilema desagradable para aquellos que no pueden esperar para centrarse en otros temas que han sido prioritarios en la agenda pública. Cuando incluso desde muchos medios de comunicación lo que ocurre con la pandemia y sus consecuencias ya no ocupa la primera plana o la monopoliza.

Nuevamente, los tiempos no dejan de conspirar con la idea del gobierno de pasar la página. El marco tripartito de la conferencia con Larreta, Kicillof y el propio presidente pasará a la historia, siempre que no haya una catástrofe. Tampoco fue un golpe de suerte la frase lanzada por el Presidente de Santa Fe cuando dijo que se avergonzaba de la suerte de Buenos Aires. “Esta opulenta ciudad”, dijo, había picado y había llegado a un punto muerto, aunque se centraba en el camino que el gobierno tomaría en los próximos meses. Macri es el rival cómodo, Larreta es el rival incómodo para las elecciones del próximo año. Al final, ella es lo único que queda para mostrar la oposición. Macri demostró una vez que desde esta opulenta ciudad puede proyectar su imagen en todo el país. Incluso llegó a ser presidente. Por eso temen a Larreta.

Por supuesto, el director del “Quiosco Maxi”, como Asís lo ha definido brillantemente, tendrá que superar su propia situación interna y la inevitable lucha, que más temprano que tarde dará lugar a otras referencias en el sector: ¿Será Macri? ¿Será Vidal? ¿Será Lousteau? Estará bajo el fuego de sus propias tropas y con todas las armas de fuego del kirchnerismo. Cristina nunca se cansa de mostrar sus dientes. El jefe ha aprendido este juego. Esto le pasó una vez con Macri. No quiere volver a tropezar con la misma roca.